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Philip K. Dick, un visionario entre charlatanes. Artículo de Stanislaw Lem

Este es un artículo de 1996 de Stanislaw Lem sobre Philip K. Dick. A nadie en su sano juicio se le ocurriría buscar la verdad sobre el crimen en las novelas policiacas. Si alguien busca esa verdad, tendrá que fijarse en Crimen y Castigo . Comparado con Agatha Christie, Dostoievsky es un tribunal de apelación más elevado, pero nadie en su sano juicio condenaría por ello las historias de la autora inglesa. Tienen derecho a ser consideradas las obras entretenidas que son, y la misión que se autoimponga Dostoievsky no tienen nada que ver con ellas.          Si alguien está descontento con la ciencia ficción en su función de examinar el futuro y la civilización, no se puede hacer una comparación análoga entre las simplificaciones literarias y el arte en su máxima expresión, porque para este género no existe ningún tribunal de apelación. Y ello no tendría nada de malo de no ser porque la ciencia ficción norteamericana, explotando su estatus excepcional, aseg...

Planeta de paso. K. Dick

En el mundo postapocalíptico es conveniente revisar el contador. El pitido del contador es una compañía sonora habitual en los personajes que habitan estos mundos. No hacer caso al contador equivale a la muerte. En este caso, el humano explorador protagonista se encuentra con una tribu de supervivientes mutantes: dos metros y medio de altura, seis dedos en cada mano y transformaciones genéticas que les permiten sobrevivir en la selva contaminada por la radiación de la guerra. En Dick hay muchas referencias a esa idea de la exuberancia de la naturaleza cuando consigue sobrevivir al destrozo nuclear. Esta idea, que resulta extraña a cualquiera, está sin embargo presente en la Ciencia Ficción de los años 50. La naturaleza exuberante de los atolones del Pacífico y de Chernóbil corroboran esta idea, si bien, y tal y como reflejan los japoneses y americanos en el género, sutilmente modificada. De todos modos, parece ser que es mentira. En Chernóbil hay más vegetación que antes del acci...

La isla partisana

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Fueron el dolor de cabeza de los alemanes durante cuatro años. Creta fue conquistada mediante un despligue masivo de paracaidistas que sorprendieron a ingleses y australianos que esperaban un desembarco desde el mar. La llamaron la Operación Mercurio. Sin embargo, muchos de esos paracaidistas murieron degollados por la población cretense, que se enfrentó con ellos desde el primer al último día de la presencia nazi en la isla. Es una hermosa historia de dignidad y tragedia. Un pueblo que resiste con fiereza contra el invasor. La movilización total: mujeres, niños, viejos... Todos. Absolutamente todos. Llegó a haber un alemán por cada cuatro cretenses. Los encerraban en las iglesias y las prendían fuego. Los desnudaban el hombro, y si veían las marcas del retroceso de los fusiles, ya fueran niños o mujeres, los fusilaban en el acto. Los curas ortodoxos cumplieron su papel de líderes sociales, y siguen disfrutando de los réditos de esa heroicidad. Los alemanes contaban la espe...

James P. Crow

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Cuento de 1953. Los seres humanos son esclavos de los robots. Viven humillados, a las órdenes de sus amos robots. La mitología sobre su procedencia incluye todo tipo de malentendidos degradantes. Las guerras eliminaron los rastros. Conclusión: los humanos son un "invento" de los robots. Una vez más, la deslumbrante capacidad deslegitimadora de Dick. "Jim Crow" es el nombre de las leyes de segregación racial que se promulgaron en el sur de Estados Unidos tras la retirada de las tropas federales años despues de terminada la guerra. A pesar de la desaparición de la esclavitud en el ordenamiento jurídico, los gobernadores elegidos tras esa retirada de las tropas federales instituyeron toda la legislación segregacionista que sobreviviría hasta los años 60 del siglo XX, es decir, casi otro siglo. Esas leyes se llamaron las leyes de Jim Crow, por un cómico blanco que en 1832 había tenido mucho éxito con un espectáculo en el que pintaba su rostro de negro y caricat...

Dick. Cuentos completos.

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              Problemas con las burbujas. Es un cuento de 1953. Se plantea el origen del sadismo en aquellas personas que pueden disfrutar de un ocio ilimitado. Habla de un exceso de energía que se manifiesta en una hostilidad latente, producto de la amargura de la inacción, de la frustración del que no sueña. Estamos en California en los cincuenta. Dick ve el advenimiento de una población morbosa y cruel, una población de monstruos. Donde otros, como Borges, siguen encerrados en su pequeña celda mental macarthysta, Dick ve el problema real del futuro: la clase media ciega, drogada por el consumo. La energía interior que crece y crece, hasta terminar estallando. La densidad de la energía que va aumentando la presión sobre el medio, hasta que el propio medio estalla. Y marca Dick dos direcciones de desarrollo: la humanística y la tecnológica. Generar pensamiento o generar objetos. Está acariciando el problema del decrec...

NUMANCIA 2

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  Siempre hay dos opciones: La que sucede y la que está a punto de suceder. Siempre.     El artista. El tullido. El ciego. El loco. El maricón. El contador. El fabulador. El cojo. El imbécil. El débil. El inútil. El estéril. El tierno. El genio. El imprescindible. La carne de cañón. La anomalía. La mutación. El tecnócrata. El sádico. El buen colono. El hombre con una responsabilidad. La vanguardia de la civilización frente a la barbarie. La raza. La razón. El gourmet. El progreso. Sí ntomas del hambre: los primeros días, claridad de pensamiento. Descargas de adrenalina en cuanto sospechamos que puede haber una fuente de alimento cercana. Durante ese tiempo el deseo de comer está constantemente presente. Después, se pasa. El primer efecto fisiológico llamativo es la caída de defensas de forma muy intensa: cualquier bacteria tiene un inmenso organismo vulnerable, lo que se traduce en infecciones y diar...

NUMANCIA 1

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Preguntas . ¿Por qué seguimos aquí? ¿Por qué no huir? ¿Huir a dónde? ¿Para conseguir qué? ¿Y si nos quedamos? ¿Qué sucede si nos quedamos? Pienso en los emigrantes. En los refugiados. En todos los que he conocido y conozco. Recuerdo a los españoles de Argentina. Viejos españoles, gallegos, hijos de represaliados del franquismo que con apenas cinco o seis años salieron en barcos de aterrorizados privilegiados, mientras sus compatriotas quedaban encerrados en un matadero horrendo. Una cárcel gris, de muerte, de opresión, de tristeza. Recuerdo a esos ancianos en reuniones de activismo, con los ojos llorosos, muchos de ellos sin haber pisado la tierra que les vio nacer porque sus padres, antes de morir, les habían exigido no hacerlo hasta que en España hubiera una república. Y lo han cumplido. Se están muriendo sin haber pisado España, conservando un acento fantasmagórico, transmitido por sus familias, como un legado extraño, intangible. Pienso en los hondureños que he conocido. Pienso ...